Dos derrotas para los tiranos hermanos Castro y Chávez
El domingo, temprano en la
mañana, supimos por voz del dictador Chávez que el presidente Manuel Zelaya,
de Honduras, había sido víctima de un golpe de estado, secuestrado y llevado a
Costa Rica. La noticia no fue de nuestro agrado, a pesar de saber que este
presidente es socialista de recién cuño e integrante del combo de Chávez.
Nunca hemos favorecido un golpe de estado y aún teniendo la mejor intención,
no es fácil justificarlo. Continuamos escuchando a Chávez decir: Los
militares, gorilas (¿y
él no es gorila?) han cometido esta barbaridad y les advierto que las fuerzas
armadas de Venezuela están en “alerta” y haremos todo lo que tengamos que
hacer para devolver al presidente Zelaya al poder.
Como no creemos ni un comino en
lo que Chávez dice, buscamos información en otros medios y tuvimos la
oportunidad de presenciar la Sesión del Congreso de Honduras en el momento que
destituía por unanimidad al
presidente Zelaya. Allí nos informamos que el Congreso acordó “improbar” la
conducta del presidente por las reiteradas violaciones a la constitución y a
las leyes vigentes. El derrocamiento fue ordenado por la Corte Suprema y fue
convalidado horas después por el Congreso. Zelaya no cumplió la orden del
Consejo Electoral, desafió la decisión de la Corte Suprema que le dijo no
podía celebrar la consulta, cuyo único propósito era obtener el derecho a la
reelección indefinida que ha puesto de moda el dictador Chávez. Destituyó al
jefe del ejército cuando éste, en cumplimiento a la Corte Suprema se negó a
repartir las urnas que le había enviado Chávez y que eran custodiadas por
nicaragüenses y venezolanos con el propósito que todos conocemos.
No recordamos un caso anterior,
donde ante un hecho tan grave un Congreso apruebe la destitución de un
presidente por unanimidad, incluyendo los diputados del Partido Liberal, del
cual es miembro Zelaya.
Manuel Zelaya asumió la
presidencia de Honduras en enero de 2006, perteneciendo al Partido (de derecha)
Liberal. Años más tarde dio un giro ideológico, traicionando a sus compañeros
e hizo ingresar a Honduras al ALBA, “mogolla” fundada por el dictador Chávez
para albergar en su seno a comunistas socialistas y tontos útiles.
El Congreso juramentó ayer,
cumpliendo con la constitución, al presidente del Congreso y ahora presidente
de Honduras, Ricardo Micheletti, quien desempeñará el cargo hasta el 23 de
enero de 2010, cuando tomará posesión el nuevo presidente electo en las
próximas elecciones a celebrarse en noviembre de este año.
Si algo disfrutamos anoche, fue
ver por televisión la reunión del ALBA, donde todos los presentes lloraban la
pérdida de uno de sus lacayos. Aquello fue un poema triste. Vimos una vez
más la hipocresía, sarcasmo y descaro del representante de la Cuba roja decir:
“es una barbaridad hacerle esto a un presidente legítimamente electo” (como si
ellos supieran lo que es esto). ¡Que desparpajo!, hablar de “legítimamente
electo” estos cínicos que en 50 años no le han dado la oportunidad al pueblo
de Cuba a participar en unas elecciones libres y democráticas.
La segunda derrota de los
dictadores hermanos Castro y Chávez en la tarde de ayer aconteció en
Argentina, donde la presidenta Cristina Kirchner perdió en las elecciones
celebradas cuatro bancas en el senado y veintidós diputados, perdiendo la
mayoría en ambos cuerpos. Además, su marido, el ex presidente, también fue
derrotado, perdiendo seguramente su aspiración a volver a ser candidato a la
presidencia de la república. Aparentemente la presidenta no pudo recibir los
maletines repletos de petrodólares que le envío el dictador Chávez en su
campaña electoral donde fue electa presidenta.
Como se puede apreciar fue un
domingo muy triste para los comunistas y por lógica muy alegre para todos los
demócratas.
Delfín Leyva